Wednesday, September 30, 2009

De locos.

Me queda claro que en el tema de las parejas no hay mucha regla. 

Cada quién escoge a su compañero/a de utilizando muy diferentes criterios. Y en general muchos acabamos juntos simplemente porque nos enamoramos y contra eso poco se puede hacer.

K y yo nos parecemos en muchas cosas, somos muy distintos en otras y los dos estamos un poco locos.

Cuando K me cuenta que está agobiado porque trae dos metrocards (una de viajes ilimitados por una semana y la otra de 10 dólares) y no quiere subirse al metro, utilizar la de 10 y gastarse 2.25 a lo pendejo; lo comprendo muy bien.

Yo en su lugar estaría igual de agobiada.


Hoy fuimos a ver una oficina que un amigo nuestro está rentando.

Nos fuimos a la 21 y 6ª. Llegamos y nos subimos al elevador.

El elevador se movía mucho, hacia pausas que se percibían peligrosas y se quedaba apendejado en cada piso.

No tenia que voltear a ver a K para saber que estaba tan nervioso como yo.

Odiamos los elevadores.

Cuando llegamos al piso 3 y se bajó el de UPS, nos bajamos en chinga detrás de él. Y caminamos hacia las escaleras de emergencia.

Había que subir al piso 6 y yo ya estaba en el 4 cuando K me dice desde el 3,

- No hay como abrir estas puertas. Estamos atorados aquí.

La puta claustrofobia.

Llamé a nuestro amigo y le pedí que nos abriera la puerta del 6º piso. Seguramente le cayó poco en gracia, porque se desató la alarma y nos hizo correr a escondernos en la oficina.

No entendía que carajos hacíamos ahí.

Ni con la explicación le quedo del todo claro.

Es gringo, y bueno, no está loco.


Cada vez que K se va al gimnasio en su bici me dice,

- No me voy a llevar el celular así es que date una vuelta en 1 minuto al elevador por si me quedo atorado.

Mi primera reacción es no ir porque está de locos.

Pero me entra el nervio y al segundo salgo y voy.

Me paro enfrente de los elevadores y no hay manera de saber si están o no atorados.

Grito,

- K, K, K, K…

No contesta.

Me quedo ahí un par de minutos más, vuelvo a gritar, acercando la boca a la rendija del elevador. De los dos elevadores.

Nada.

Entonces ya la libró.

Me quedo tranquila y me regreso a la casa.

 

 

 

 

 

Una de esas mañanas.



Cagantes.

Amaneces de malas y no te lo puedes quitar.

Y no es que hayas dormido mal o que algo en especial haya sucedido, simplemente no soportas el mundo, ni tienes ganas de enfrentar todo lo que está a punto de suceder.

Pero la única verdad es que te chingas y te levantas porque no te queda de otra.

Te bañas y si el baño no te echa la mano con tu mal humor, ya te jodiste. Muy probablemente se te quede hasta el mediodía.

Y arranca,

- Mamá quiero avena con fresas.

- Mamá ya no me gustaron las fresas

- No me las quiero comer, no, no, no…

- Odio las fresas.

Y la vestida,

- Mamá es que yo pensé que quería estos tenis de bota pero ya no los quiero.

- Es que yo quería los rosas y no los morados.

- Es que me quedan apretados.

- Estoy incómoda.

(berrinche horizontal de piso)

Ahí junto a las dos, está Diego balbuceando de buen humor con todo y que le toca su mamila de las 8. No amaneció exigente y su mamá se lo agradece porque lidiar con su hermana y la vestida de cada mañana es un verdadero horror. Pero hoy, esta mañana de hoy, la palabra horror no lo alcanza a definir.

Les dan las 8:15 y ya van tarde.

Hoy la mamá lleva a su hija y a la hija de la vecina.

Porque se turnan.

Las niñas se comienzan a pelear en el momento que se ven.

Una llora.

La otra también.

Corren al camión mientras les explica que deben ser bonitas, compartir, llevarse bien… pura pendejada, para que ya se estén quietas. Pura pendejada a alta velocidad, y una vez sentadas las tres a la altura de la calle 19, la mamá se acuerda que dejo su puto cuaderno de cosas importantes en la casa.

Ese cuaderno no es la libretita negra chiquita que siempre tenía en el bolso.

No, este cuaderno es un cuadernote que está lleno de listas.

Listas de pendientes, listas de cosas poco importantes y también de algunas que si importan.

Y lo necesita.

Y agarra a las dos niñas y las hace volar de regreso a casa.

Juliana con las botitas moradas que le molestan, ella con sus botitas blancas que no fueron hechas para correr y Sivan con una banda turquesa de aerobics la cual resulta muy adecuada en esta escena.

Recupera el cuaderno.

Las tres corren como bandidas.

Agarran un taxi.

Llegan a la escuela, ya están todos adentro.

Se cuelan en la cola de niños más grandes y suben esas mendigas escaleras a alta velocidad.

Se las entrega a la maestra y recupera el aire para decirle a su hija que la quiere, que tenga un bonito día, que no se deje de la amiga, que no le haga caso y que mejor se haga amiga de las otras niñas.

(qué chinga somos las mujeres)

Camina hacia la oficina.

Se detiene a tomar un café.

Ahí están varias mamás del Colegio incluida la actriz de Mississippi Masala, se llama Sarita Choudhury.

Se distrae un poco del mal humor.

Compra un café. Está muy bueno.

Y se va caminando con sus botitas blancas a trabajar.

 

 

 

 

Tuesday, September 29, 2009

Las Chinas de Hee Soo Beauty.

En la esquina de la calle 12 y la 4ª Avenida, está Hee Soo Beauty, uno de los miles de millones de negocios de mani/pedi/wax en esta ciudad.

Cómo nos queda cerca de la oficina, está limpio y tiene las super-sillas de masaje, pues vamos cada vez que hace falta. Sobre todo vamos la Maricona y yo. Y es que uno va al salón que le queda cerca porque en realidad con estas Chinas, difícilmente te encariñas.

Y no lo digo en mala onda, antes hacía mi intento de plática, pero ellas no tienen interés en establecer una relación más allá del color del barníz y la propina. No hablan casi nada de inglés y sólo hablan entre ellas.

Y se ríen, se ríen en chino a ratos.

Heidi es la jefa de Hee Soo y es ella quién me hace las cejas.

Habla inglés y al menos me sonríe.

La verdad es que me encanta acostarme en esa cama del cuartito de wax, escuchar su pésima selección musical y oler el incienso aroma primavera.

Hay algo en ese lugar que me relaja.

Me encantan los 10 minutos de silencio, con los ojos cerrados.

Hoy afuera de dicho cuartito estaba una mujer haciéndose pedicure y de pronto me clavé escuchando su plática.

Me clavé principalmente porque estaba platicando sola. Ella creía que hablaba con la China que la estaba atendiendo, pero estaba hablando sola. La China le dijo por cortesía un “nunca la había visto por aquí” o al menos eso se alcanzó a entender. La mujer le respondió,

- Si bueno vine hace un año exactamente en septiembre 11 que fue mi cumpleaños y tenia una fiesta que me organizó mi marido.

Siguió…

- Si soy de septiembre 11, que horror ¿no? El mismo día de las torres gemelas… y ese año tuve la fiesta de cumpleaños más triste de mi vida, por más que queríamos olvidar lo que había pasado, nos resultó imposible y mi fiesta parecía un funeral.

Y siguió,

- Pero la de este año, no no no (nou nou nou!) esa si que fue una fiesta maravillosa, flores, champagne, música, en una terraza… bajo las estrellas… preciosa fiesta… imagínate que… (riing)… discúlpame un momento que me llama mi hija.

Y se puso a hablar con su hija.

Después colgó y le dijo a la China,

- en qué estábamos?

Yo pensé, “estábamos”?… no sea payasa. Si la China está por acabar tu pedicure y no ha tenido ni media intervención en esa conversación.

Y me quedo pensando en la soledad.

En la puta soledad que todos llegamos a sentir.

Pero a la China le vale madres.

Y tiene su punto de razón. 

Heidi acabó con mis cejas.

Me comentó que una ceja se está levantando más que la otra por mi expresión facial.

Le pregunté si es que levanto un ojo más que el otro, y mientras le preguntaba me dijo,

- ahí está la expresión otra vez.

y se echo una risa. 

Pensé mientras me observaba en el espejo, "ojo de María Felíx"

"O de mi abuela Mely"

Que susto.

 

 

 

Monday, September 28, 2009

Una botella de Sake y Proust

A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas.

Marcel Proust

(De acuerdo con la teoría Proustiana de la memoria involuntaria, el pasado no muere en nosotros ni permanece fielmente archivado, sino que se aferra a impresiones sensoriales. Un nuevo encuentro con una impresión previamente experimentada, hace revivir, en forma involuntaria, el pasado).

 

Hablando de la memoria involuntaria en la sobremesa pueden salir millones de vertientes a dónde dirigirnos.

Y si esta conversación se sostiene tras una botella de sake, pues la elocuencia será mayor.

En mi caso, un ejemplo de memoria involuntaria, fue el día que entré al baño de visitas de una casa desconocida y el baño olía a un jabón que reconocí.

Un jabón que use muchos años atrás, en otro baño, en otra casa, en otro momento de mi vida.

Fa Aqua.

 

Yo estaba a mis 11 años en Barcelona por primera vez.

Me fui con mi mamá y con mi hermano a conocer a la familia de mi papá, a su familia catalana para ser exactos.

Mi tía Elena me prestó unos libros de su hija Begoña.

Unos libros tipo cómic de los que me volví una ávida fan, se llamaban,

“Esther y su mundo”

 

A los 11 años yo ya era una eterna soñadora que vivía la mitad del tiempo en un mundo de fantasía, tenía la capacidad de desconectarme del salón de clases con la mirada fija en la maestra, no escuchaba ni una palabra que salía de su boca. Era una profesional. Así es que cuando conocí a Esther y a sus amigos, me hice íntima de ellos y me mude la mitad del tiempo a vivir a su mundo.

 

Un día compré Fa.

Para que oliera a Barcelona.

Para transportarme a esa época.

Compré sólo uno y después lo descontinuaron.

 

Pero en esta conversación del sábado.

En medio del sake.

En esa mesa.

Y en el tema de la memoria involuntaria.

Me fui de vuelta a ese momento.

Y recordé a Esther y a su autora Purita Campos.

 

Se hizo una re-edición de sus libros en el 2008.

 

Voy a comprarle esos libros a Juliana.

 

 

Friday, September 25, 2009

U2 rocks (qué contenta estoy)



Yo había estado en dos conciertos de U2, Joshua Tree y Zooropa

Han pasado demasiados años de eso y aunque me considero una fan de U2 desde que los conocí en 1988, el re-encuentro de anoche fue memorable.

Me transporte a los 18 años.

Y de plano, no pude dormir.

Las canciones de U2 han estado presente en mi vida, todos estos años.

Tengo todos sus discos menos este último (que pienso bajar hoy) y en mis diversos playlists de arribaelánimo tengo siempre rolas de ellos.

U2 es uno de los compositores oficiales de mis video-clips mentales.

Pero en vivo la historia es otra.

En vivo la emoción no cabe.

Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen siguen sonando como al principio, siguen siendo para mí, una de las mejores bandas. 

Y no se si sean mis hormonas que me siguen traicionando o si de plano me ganó la emoción, pero corriendo el riesgo de sonar cursi y ser muy criticada, admito que cuando se encendió esa nave espacial de escenario y apareció The Edge, se me salieron las primeras lágrimas.

Cómo me gustan los conciertos.

Se me había olvidado lo feliz que me hace estar entre una multitud que durante dos horas lo olvida todo y se deja hipnotizar por una banda. Todos hicimos lo que nos pidió Bono,

Aplaudan, párense, siéntense, bailen, digan OH OH, griten, levanten los brazos, pónganse la mascara pero sobre todo canten.

Canten a todo pulmón con sus voces desentonadas… Y canté con Bono.

Con mi voz que toda la vida ha deseado ser la voz de Stevie Nicks.

Y cómo no iba a cantar Beautiful Day, Sunday Bloody Sunday, Until the end of the world, I still haven’t found what I’m looking for, Faraway so close… Mysterious Ways… luego un canto combinado con más lagrimas al entonar City of Blinding lights…

La banda le dedicó Walk on a Aung San Suu Kyi, la mujer que lleva 14 años en house arrest en Myanmar, premio Nóbel de la paz y líder de la lucha por la democracia en Burma.

Desfilaron personas con mascaras con la cara de Aung San Suu Kyi rodeando el escenario.

U2 siempre tiene una causa, Bono siempre está en la lucha por algo.

Y en medio de los aplausos interminables del público dijo,

-       We are very humbled

-       Well… maybe not.


Gracias Parra por tan buena invitación.

Por mi pase de back-stage.

Gracias U2 por darme tanta pinche felicidad en una noche.

You still rock…

 

Thursday, September 24, 2009

Las pesadillas de Juliana.


Diego duerme en mi recamara.

Juliana duerme en la suya pero hay días en los que llega a visitarme en la madrugada porque tiene pesadillas. Y también hay otros días en que se queda dormida en su cama y más tarde la cargo para traerla a la mía. 

(cuando su papá está de viaje) 

(y ya sé que está pésimo)

 

La verdad duermo fatal con ella porque no para de dar patadas. Pero también me encanta tenerla ahí, me da mucha paz tener a los dos cerca.

Soy muy miedosa.

Y muy propensa a la pesadilla.

Juliana también.

Pero he notado algo chistoso.

Cada vez que brinca a mi lado y veo que se pone agitada debido a las pesadillas, le pregunto con qué está soñando y me dice llorando cosas como,

- jugo de papaya

Pero se vuelve a quedar dormida.

Ayer volvió a pasar lo mismo y me dijo,

- pantalones.

Parece broma.

Sus pesadillas no pueden ser estas.

Estas son cosas ridículas que su mamá le obliga a hacer.

Y está afirmación me provocó un insomnio del carajo.


 

 

 

 

Curriculum night.

NY está lleno de papás dispuestos a meter a sus niños de 4 años (y desde antes) a un kinder de 45 mil dólares anuales, no porque sean millonarios (aunque muchos lo son) sino porque al gastarse ese dinero creen que tienen comprada la entrada de su hija/hijo a Harvard y le aseguran un lugar en la lista de los Forbes 500.

Con la crisis económica muchos papás tuvieron que sacrificar sus sueños y meter a sus hijos a escuelas públicas de Manhattan. Con lo cual se duplicaron las aplicaciones y muchos se quedaron sin poder ir a la escuela de su distrito.

Nosotros tuvimos suerte.

Pero ayer aprendí que hay más de un tipo de overachiever.

En el Curriculum Night del East Village Community School nos presentaron a todos los maestros y nos compartieron los planes para el año escolar. Habló la Directora de la escuela, el Sub Director de la escuela, la coordinadora de padres de familia, habló la maestra de nuestro salón y su maestra asistente, la maestra de Español, la maestra de Movimiento, el maestro de Música y finalmente el maestro de Arte. Y aquí fue dónde se puso bueno.

Nadie tuvo comentarios ni preguntas con los otros maestros, unas cuantas manos alzadas, algo muy discreto. Pero con éste se puso buena la cosa.

Mis ojos se iban abriendo cada vez más, al ir viendo la cantidad de gente levantando la mano para hablar,

-       Maestro, usted es artista?

-       Si, soy artista plástico

-       En qué consiste su obra?

-       Estoy en este momento trabajando en…

-       Maestro, los niños harán escultura?

-       Harán algo con barro?

-       Qué otros materiales van a utilizar?

-       Harán murales?

-       Lienzos más grandes?

-       Abstracciones?

-       Collages?

-       Tendrán oportunidad de trabajar con foto?

-       Iran al Met?

-       Al MOMA?

-       Al New Museum?

Este maestro resulta ser maestro sustituto de su mujer, quién ha sido la maestra de arte en la escuela por más de 20 años, pero ahora está en un tratamiento de quimioterapia. Ella también estaba ahí.

El maestro/artista habló a profundidad de su plan de trabajo con nuestros niños de 4 años. 

De cua-tro.

Pero las preguntas iban mucho más allá. Si yo estaba sorprendida no saben cómo estaba él.

Y de repente me paso algo que me sucede de vez en cuando, cuando ya no aguanto más, dije lo que tenía en la cabeza, en alto. No muy alto, pero lo dije.

El maestro volteó a verme y como no había levantado la mano (tache), todas las miradas estaban dirigidas a mi.

Silencio en la clase.

Yo había dicho “qué hueva”

Pero le dije al maestro que había dicho algo del calor.

Soy una idiota.

Pasaron segundos que me parecieron larguísimos hasta que olvidaron mi estúpida intervención y un papá levanto la mano,

-       Y nuestros hijos tendrán la oportunidad de armar un portafolio de trabajos?

El maestro sonrió y preguntó si era ya todo. Y yo muerta de vergüenza me salí rápido de ahí.

Me imagino la escena de esta pareja cenando más tarde.

La mujer dándole las gracias por hacer esto por ella, y él en shock sin poder dejar de pensar en el niño de 4 años con su portafolio.

En el niño con su portafolio, mostrando sus piezas en una galería de Chelsea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Wednesday, September 23, 2009

La tele y el azúcar.

Ya se que la tele es malísima, ya sé que la tele es el enemigo.

Pero hay momentos en esta vida en los que simplemente necesitas sentarte frente a la tele.

En mi caso sucede cuando me quiero desconectar de mí misma, porque me agoto de mí y de mi mente llena de post-its amarillos con pendientes.

Y casi siempre me pasa que una vez que lo hago, me enfrento a la increíble realidad de que en 1000 canales de tele (y no estoy exagerando el número) no hay absolutamente nada que me interese ver.

 

Cuando llegué a NY en 1997 me hice fan de los sitcoms.

El sitcom era el sitio ideal para transportarme por una hora y echarme unas risas o unas lagrimas por situaciones absurdas y completamente lejanas a mi.

Ahora están los estúpidos reality shows.

Odio los reality shows.

Odio los bailarines con las estrellas (que ni son tan estrellas).

Y a los que cantan cómo su ídolo favorito, a ellos también los odio.

¿No tenemos ya suficientes pop stars alineadas en el firmamento del entretenimiento?

¿Acaso hacen falta más muchachitos y muchachitas abanderados por Disney, que canten, brinquen, bailen, sonrían en todas las fotos y nos prometan guardar su virginidad hasta el matrimonio?

Dios nos libre.

Ya sabemos que pasa con esas promesas.

Arriba Britney.

 

Y ya que estoy en este tema ayer me paso algo que me dejo impresionada.

Mi cuñado me pidió ayuda con unos boletos para Miley Cyrus en concierto.

Me dijo,

- En caso de que no sepas, es Hannah Montana.

Yo no se si todos sepan quien es Hannah Montana.

Yo no lo sabía.

Lo que sí sé desde ayer, es que Miley es la niña mas famosa del puto mundo.

Porque sus 36 conciertos alrededor de Estados Unidos, están absolutamente sold out.

Y tengo entendido que tomo a lo máximo un par de días para que se vendieran. 

Estadios llenos.

Tal vez lo único que esto quiere decir, es que los papás estamos dispuestos a todo con tal de ver a nuestros hijos felices.

 

Entonces…

No hay nada en la tele.

Pongo Weeds.

Una serie que comencé viendo de atrás para adelante, con lo cual no hay mucha emoción.

Y Nancy Botwin no era tan cool al principio.

Definitivamente los años la volvieron más interesante.

Hago una pausa para desear que eso me pase a mi.

 

Estoy ansiosa.

Ya me tomé un sake con unos edamames.

(quería sake y no me parecía que combinara bien con una quesadilla)        

Me cago de hambre.

Quiero azúcar.

 

Y arranca la búsqueda furiosa de un chocolate.

Dejé de comprarlos.

No hay helado, no hay nada.

Hay gelatinas.

Eso no me va a servir de nada.

 

Y me acuerdo.

Los dulces de la última piñata de Juliana.

Un kit-kat, un paquetito de gummy bears y 9 sweetarts.

Que pinche sed.

Que coraje haberme metido todos estos dulces.

Que poca satisfacción me dieron.

Tan poca satisfacción como la tele.

 

Me sirvo un vaso enorme de agua.

Apago la puta tele.

Leo un par de páginas de mi libro.

Y me trato de dormir.